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Simbolos Patrios de Venezuela

Simbolos patrios de Venezuela: Flor nacional La Orquidia, Ave nacional el Turpial, Bandera, Escudo, Himno Nacional.

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La República de Venezuela posee una serie de elementos emblemáticos definidos por ley, llamados: Símbolo Patrios de Venezuela

ImageLa Bandera: Fue creada por el precursor de la independencia Francisco de Miranda, quien la izó por primera vez en Haití, en su buque-insignia el Leander, el 12 de marzo de 1806.Esta primera bandera estaba formada, al igual que la actual, por tres colores: el amarillo, el azul y el rojo. La mencionada ley señala además que la bandera "… llevará el Escudo de Armas de la República Bolivariana de Venezuela en el extremo de la franja amarilla cercano al asta y, en medio del azul, siete estrellas blancas de cinco puntas, colocadas en arco de círculo con la convexidad hacia arriba…" 

El 07 de marzo de 2006, la Asamblea Nacional, asumiendo el reto y la responsabilidad, en sesión ordenaría edifico y sanciono la ley de símbolos, la cual añade la octava estrella ala bandera, nacional y coloca la caballo de Bolívar, representado en el Escudo, de la vista al frente mirando hacia el futuro. 

 

 

ImageEl escudo más antiguo del cual se tiene noticia existía antes de ser declarada la Independencia de Venezuela. Figuraba en impresos como El Publicista de Caracas, órgano informativo del Congreso Constituyente, cuyo primer número apareció el 4 de julio de 1811. 

El turpial, ave nacional de Venezuela, es llamado moriche por las tribus del estado Amazonas, tan cercano que esto y tan lejano que siempre nos parece. Image Allo, en la selva profunda, donde se unen colores y sonidos al impulso del viento y de la alegro a simple de los primeros habitantes de esta tierra sagrada, cada razon de ser de la naturaleza tiene sus explicaciones, su modo y su motivo y mos que largas explicaciones, densas y complejas redacciones, es el hecho simple del esplendor natural lo que forma leyendas, tradiciones, experiencias y verdades.

ImageLa orquídea, es la flor nacional de Venezuela: (Cattleya mossiae Hook), se puede encontrar de forma salvaje en los parajes del Amazonas venezolano, en cualquier camino o sendero. Crerece en casi todo el territorio nacional y por supuesto no se encuentra creciendo naturalmente en otro pais. Se adapta a varios pisos altitudinales que van desde 400 hasta 2000 msnm. Ha sido, desde el siglo IX, progenitora de muchos hibridos que se venden en todo el mundo. Se le encuentra en Lara en las estribaciones de la cordillera andina.  

Musica el Condor Pasa  Cadenal Hispano: Historia - Himno - Bandera

Simbolos Patrios de Venezuela


El Himno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela es el canto patriótico conocido con el nombre tradicional de Gloria al bravo pueblo. Aunque sus orígenes se remontan a la época inicial de la Independencia, su designación como Himno Nacional fue hecha por decreto de Antonio Guzmán Blanco en 1881.

Coro
Gloria al bravo pueblo
que el yugo lanzó,
la ley respetando,
la virtud y honor.

I
¡Abajo cadenas!
gritaba el señor,
y el pobre en su choza
libertad pidió.
A este santo nombre
tembló de pavor
el vil egoísmo
que otra vez triunfó 

II
Gritemos con brío:
¡Muera la opresión!
Compatriotas fieles,
la fuerza es la unión;
y desde el Empíreo
el Supremo Autor
un sublime aliento
al pueblo infundió.

III
Unida con lazos
que el cielo formó,
la América toda
existe en Nación;
y si el despotismo
levanta la voz,
seguid el ejemplo
que Caracas dio,

El turpial, ave nacional de Venezuela, es llamado moriche por las tribus del estado Amazonas, tan cercano que esto y tan lejano que siempre nos parece.

Allo, en la selva profunda, donde se unen colores y sonidos al impulso del viento y de la alegro a simple de los primeros habitantes de esta tierra sagrada, cada razon de ser de la naturaleza tiene sus explicaciones, su modo y su motivo y mos que largas explicaciones, densas y complejas redacciones, es el hecho simple del esplendor natural lo que forma leyendas, tradiciones, experiencias y verdades.

En un tiempo del que no se guarda memoria sucedi� un cataclismo terrible en la tierra. Fue antes de la hecatombe que dos aves, de bello cantar y hermosos colores, vinieron a la tierra para advertir a los hombres de su deber y que, en dulces y m�ltiples melod�as, salidas de sus breves y hermosos cuerpos, les comunicaron el encargo de Dios.

Como los hombres ignoraron sus mensajes y aquella fuerza divina, ahogada por la inclemencia de la vanidad y del desprecio del deber, dio paso muy a pesar de Dios al desbordamiento de las fuerzas de la naturaleza que, sin piedad, acabaron con todo lo vivo a excepci�n de las aves que, obedientes a su mandato superior, pero muy heridas en su orgullo, flotaban sobre el mundo que perec�a sin remedio.

Pasada la tragedia y recuperado el andar de todos los d�as, Dios permiti� que nacieran de nuevo hombres y mujeres, y que de sus uniones nacieran nuevos hijos que al representar los nuevos tiempos eran una esperanza de vida para la humanidad y la naturaleza.

Dios, aunque implacable en el castigo, amaba al mundo y a sus criaturas. Por eso decidi� preservar por siempre a las aves que advirtieron, sin ser o�das, la grandeza de la obediencia. Le dio un traje nuevo y un canto a�n m�s melodioso: les dio el amarillo y el negro como sus �nicos colores y puso en sus diminutas gargantas el sonido m�s puro de la naturaleza.

Naci�, entonces, el turpial o moriche como fue llamado, desde el primer momento en que lo vieron los primeros indios del Amazonas, y que es eterna y sencilla compa��a de las angustias y dolores de los hombres que viven a la vera de los grandes r�os, en los silencios m�s totales y en las selvas m�s remotas y dif�ciles de llegar.

Y as� de sencillo y bello como su canto es la historia del moriche amazonense. Ellos son la forma m�s hermosa de o�r la voz de Dios en aquellas distancias. Canta y su l�rico aporte entra al alma despu�s de pasar por los o�dos. Cada uno es una aventura, un sue�o, una expresi�n de gracias porque fueron creados por Dios mismo para benepl�cito de los hombres y grandeza de su obra.

El moriche capta el alma de la naturaleza y acompa�a al hombre en sus caminos como una apoteosis de la fuerza, calidad, dulzura y profundidad de Dios hecha presencia. Se dice, en la vieja leyenda de la selva, amable y querida, que amarillo y negro son los colores que luce, en sus m�gicos vestidos, la diosa del canto y de la melod�a.

Yo creo que debe ser cierto. De otro modo no se explica la dulzura del moriche y su presencia, a nuestro lado, como un heraldo de la eternidad.

La orquídea, es la flor nacional de Venezuela, se puede encontrar de forma salvaje en los parajes del Amazonas venezolano, en cualquier camino o sendero.
La Flor Nacional  
La Orquídea es la flor Nacional. Concretamente, la variedad denominada Cattleya Trianae.
Fue escogida como flor Nacional según un concepto emitido por la Academia

ImageArbol Nacional de Venezuela: Sobre nuestro árbol emblemático nacional he escrito el texto que sigue en el cual se refieren algunos de los atributos que se le asignan.
Sin la menor duda el araguaney (Tabebuia chrysantha), árbol loado, hoy como ayer, por muchos de los habitantes de Venezuela, ya tiene firmemente ganada y reconocida su posición descollante, no obstante las objeciones que hicieran en su momento Enrique Bernardo Núñez y otros (Núñez, 2005 [1932-1960], p. 79-81) a su selección como árbol emblemático nacional. Primero que nada, se trata de una especie que se da a lo largo y ancho de nuestra geografía, diseminádose por casi todas partes, como bien indicaba Antonio García Delepiani en el párrafo que se transcribe a continuación:

«La particularidad más resaltante del Araguaney consiste en su adaptación a todas las disímiles regiones del país: Crece silvestre en el llano y en la montaña; suele abrirse paso entre los gigantes de las selvas... Ningún otro de sus hermanos en la flora venezolana tiene esa generalidad nacional» (García, 1955, p. 66).

Ese carácter ubicuo del araguaney que, fuera de la temporada de floración, tal vez pudiera pasar desapercibido para aquellos que no estén muy familiarizados con nuestra variadísima vegetación, se transforma en omnipresencia impactante durante los meses del verano, cuando se lo ve florecer por doquier como una marea de amarillo intenso imposible de ignorar. En palabras de Eleazar Orta «el araguaney es, sin duda alguna, uno de los árboles más bellos de nuestros bosques en el tiempo de su florescencia. Cubierto completamente con flores de un color amarillo dorado hermosísimo, constituye el más brillante espectáculo de magia y color de la naturaleza venezolana» (Orta, [Sin fecha], p. 2).
Otro hecho de la mayor relevancia es la identificación que parece existir en el inconsciente colectivo entre el araguaney y las nociones de vitalidad, vigor y resurgencia, ya que su esplendorosa floración se produce precisamente entre los meses de febrero a abril, cuando la sequía arrecia haciendo que los campos y bosques castigados por ella parezcan desfallecer de tristeza y se vistan de luto a causa de los incendios forestales, como bien hacía notar el ya citado García Delepiani en el texto que sigue:

«El Araguaney es riqueza emotiva: sus expresiones embellecen nuestros campos en la época en que la sequía los tuesta y los afea. Son estos los meses en que el Arbol Nacional hace sentir su personalidad en la naturaleza del trópico venezolano. Se asoma a los paisajes para advertir que la vida subsiste dentro de la tierra cálida y sedienta; sus ramazones cubiertas de un vigor amarillo y el grito de las chicharras suplicando agua, son las tórridas señales de vida... Los campesinos lo aman en forma instintiva; es el poeta de los bosques cuando los bosques reclaman una esperanza tonificante» (García, 1955, p. 65-66). No es casual entonces que en la poesía de Pedro Lhaya, quien siempre se mantuvo enraizado con su pueblo, el araguaney sea símbolo inapelable de la fortaleza y el aguante. Así lo dijo con suma claridad en La flor de Galipán, donde ponderó su resistencia a la sequía y al invierno en la estrofa siguiente:

«y de su terca savia de árbol múltiple,
amellador de hacha:
araguaney que permanece
contra la lengua ácida
de candelas de marzos, y aguas de noviembres.»
(Lhaya, 1967, p. 31)

Y, como era de esperarse, quien lucha, resiste y persiste sin llegar al desfallecimiento posee virtudes que son ante todo los adornos primordiales del araguaney, como bien se expresaba en la siguiente estrofa del poema Cimbrado Va, también del citado poeta barloventeño:

«Araguaney selvoso de veranos
me dio este duro nervio,
este cuerpo de Cristo rehuído
que se rebela al diente del murciélago.»
(Lhaya, 1963, p. 55)

Decía Jesús Hoyos que «aravenei parece ser la antigua voz con que el indio caribe denominaba al araguaney» (Hoyos, 1974, p. 23). Se trata de un «árbol autóctono, cuya altura oscila entre 6 a 12 metros» que posee una «madera de corazón durísimo y del color de la aceituna oscura. Se emplea en Venezuela, entre otras cosas, para hacer garrotes y bastones», lo mismo que las estacas llamadas laures con que se golpea en Barlovento el tronco del tambor mina, y a veces también a las personas en los jolgorios que terminan en riñas, lo cual explica que en otros tiempos fuera «muy frecuente oír que el araguaney truena y retumba en las espaldas, o abriendo las cabezas en canal» (Picón, 1964 [1912], p. 51).
El araguaney «presenta un crecimiento lento, pero tiene una existencia larga», siendo el secreto de su ubicuidad, por una parte, su austeridad, que le permite prosperar en «suelos duros, secos, pobres en sustancias orgánicas» y, por la otra, que sus «semillas suelen estar maduras al comenzar las lluvias», fenómeno que permite «que el mayor número de semillas pueda germinar y perpetuar la especie a lo largo del tiempo» (Hoyos, 1974, p. 23), para el regocijo de los venezolanos de todas las épocas e inspiración de literatos y poetas, entre ellos ese apasionado por nuestra naturaleza que se llamara Jorge Schmidke, quien le compuso un soneto que dice:

«En la alta cumbre, en la cañada honda,
en el valle feraz y en la pradera,
para hospedar la núbil Primavera
alza el Araguaney su tienda blonda.
Con el Guarupa de cerúlea fronda
y el Bucare de cárdena cimera,
reproduce en los bosques la Bandera
que nos dió el paladín de la Gironda.
Su copa de amarilla vestidura
prende en la catedral de la espesura
su candelabro de doradas flamas;
porque la magia que su tronco encierra
chupa el oro del seno de la tierra
y lo presenta en flor sobre las ramas.»
(Schmidke, 1955, p. 16).

El género a que pertenece el araguaney comprende otras especies parecidas con las cuales se pudiera confundir, ya que tienen también floraciones amarillas, aunque de tonalidades diversas, como son el araguán o cañada (Tabebuia chrysea), el flor amarilla, curarí o curarire (Tabebuia serratifolia) y el acapro (Tabebuia tabilis) (Hoyos, 1987 [1983], p. 66 a 70), los cuales se pueden encontrar por aquí y por allá en Barlovento.

 
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