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Desde aquel día, todas las horas de su vida, en todas partes, Graciela sentía la presencia de alguien que la espiaba constantemente. Leyendas Lendas e Historias Leyenda es una narración oral o escrita, con una mayor o menor proporción de elementos imaginativos y que generalmente quiere hacerse pasar por verdadera o fundada en la verdad, o ligada en todo caso a un elemento de la realidad. Se transmite habitualmente de generación en generación, casi siempre de forma oral, y con frecuencia son transformadas con supresiones, añadidos o modificaciones. Si deseas crear su propia sección de noticias, recetas, poemas, fotos, chistes, o cualquier otro artículo. Por favor envié sus artículos desde contactos especifique la sección donde desea que sea publicado. Sus publicaciones son gratis. Leas mas leyendas bonus online casinos no depositLeyendas Leyendas Historias Reales
LA HIJA DE DOÑA ELENA En la ciudad de Avila, fundada por los españoles en 1563, vivían algunos familiares del capitán Gonzalo Díaz de Pineda que realizó la primera expedición al territorio de la actual provincia de Napo. En 1578 los guerreros del cacique Guami quemaron Avila y mataron a todos los españoles. Se salvó un niñita, hija de la señora Elena Díaz de Pineda. Doña Melchora, la indígena que la cuidaba, huyó con ella a la selva y permaneció escondida mientras duró la matanza. La tomó a su cuidado Quinafa, un indio viejo, súbdito de Jumandy. Le quitó la ropa de blanca y la vistió a la usanza de los quijos, pintándole previamente el cuerpo con zumos hierbas y raíces. La doncella pudo pasar por indígena porque dominaba plenamente el idioma quijo. Quinafa la llevó a su tierra. Se convirtió en una de las sirvientas de Jumandy. Años después fue rescatada por don Pedro Ordóñez de Cevallos, más conocido como El Clérigo Agradecido. VIRACOCHAS EN EL YUTZUPINO Por la década del cuarenta llegaron a esta zona algunos extranjeros en busca de oro. lnicialmente se asentaran en Puerto Napo. Luego de varios recorridos escogieron las cabeceras del Yusupmo para levantar su campamento. Con una cuadrilla de hombres de color se dedicaran a lavar oro. Las pepitas doradas, como granos de maíz, aparecian abundantes al fondo de las bateas y analetes. La riqueza estaba allí, al alcance de la mano. Se dejaba tomar fácilmente. Las noches, sin embargo, fueron cambiando paulatinamente. Se oscureció el paso luminoso de las cocuyas, calló el bullicioso comunicarse de los sapos, desapareció el lenguaje almidonado de los insectos. Quejidos como de ultratumba se escuchaban por doquier. Una mañana apareció muerto un negro... luego otro... y otro... y uno mas. Alguien juró haber visto cerca del río a un hombre con la cabeza de lobo. Los atemorizados negros que quedaban con vida, al primer descuido de sus amos, abandonaron el lugar para siempre. El vómito y la diarrea se apoderaron de los extranjeros. Ninguna medicina tuvo efectos curativos. También los gringos tuvieron que salir de Yutzupino con los bolsillos y los intestinos vacíos. La selva, alcahueteada por el tiempo, cubrió de árboles y lianas el campamento. La memoria se olvidó del acontecimiento luctuoso. Nadie volvió a mencionar a los extranjeros. Por 1960 un banco, brujo de brujos, mediante la estratagema del virote se deshizo de la enemistad de otro brujo que vivía en Yusupino. Ese día mucha gente miró como miles de murciélagos cubrían la zona. Más tarde volvieron las aves, los nativos reabrieron los caminos a sus chacras y construyeran sus tambos. Llegaron en grupo... jubilosos. Por allí entre yerbajos y citrus quedaban algunos restos del paso de los extranjeros... LA LLORONA Hace muchos años vivía en El Retén, entre Archidona y Cotundo, un hombre viudo que tenía tres hijos casi adolescentes El padre volvió a casarse. La joven esposa empezó a adelgazar. Grandes ojeras rodeaban sus ojos. Vivía sobresaltada. Es que en las noches, sobre una piedra que había en el patio de la casa, se le aparecía la difunta esposa de su marido. Nadie creía que estas visiones fueran ciertas. Cierta vez la familia fue a pasar el fin de semana en Archidona. El hijo mayor se quedó al cuidado de la casa. El muchacho dormía apaciblemente en su cuarto. Cerca de la media noche lo despertó el galope de un caballo. Creyó que regresaba uno de sus familiares. Sintió las pisadas de una persona que subía las escaleras. El joven abrió la puerta y salió al corredor. Allí, arrimada al pasamanos, estaba una mujer vestida de blanco que tenía tapado el rostro con un velo también blanco. El muchacho se quedó paralizado. Callaron los sapos, los grillos; hasta las hojas de los árboles dejaron de moverse. Aquella mujer se elevó sobre el piso y caminando en el aire se dirigió a la piedra. Se sentó a llorar. Pasaron los minutos. La mujer lentamente desapareció entre la ligera neblina que caía en la madrugada. Al otro día regresó la familia. La madrastra al escuchar el relato explicó que era la misma señora que se le aparecía todas las noches. Cuando la familia se acopló totalmente y la nueva esposa se convirtió en una verdadera madre para los chicos huérfanos la "llorona" no volvió a materializarse. |


