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La Historia de Latinoamerica


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Conozca los problemas que afecta  nuestra comunidad LatinoAmericana. A la vez su: Globalización, Migración, Ubicación geográfica, Comercio, Cultura, Descubrimiento, Historia, Productos y sus Países Hispanos

La Historia General de América Latina es una historia de ideas y civilizaciones, sociedades e instituciones que cubre la evolución de las sociedades latinoamericanas desde la época precolombina hasta el siglo XX.

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América
Pero estas similitudes tienden a desvanecerse, como meras apariencias, cuando se estudia estos procesos con detenimiento. Aun si se los engloba en una misma modalidad de conformación de nuevas sociedades, la variante latinoamericana presenta claros y permanentes rasgos diferenciales. Los otros procesos de poblamiento reciente mencionados entran más holgadamente en la categoría de trasplante de población y no en la de implantación de sociedades. El mestizaje, tanto en su presencia como en su ausencia, establece la diferencia fundamental entre ambos procesos, en el entendido de que se trata del mestizaje primario, dado entre los primitivos y los nuevos pobladores. Visto así, el caso de las sociedades latino Los hijos de los europeos blancos se denominaron criollos, los hijos de nativos (indígenas. con europeos se denominaron mestizos, y  los hijos de blancos con negros se denomiron mulatos.

 

ImageAmérica Latina constituye, por consiguiente, una encrucijada de tiempos históricos que ha elaborado el suyo propio, y esto es, lo que la presente Historia ha querido ofrecer al lector. Ese tiempo histórico no es único, ni su diversidad intrínseca viene a ser un título de singularidad para América Latina. Puesto en perspectiva histórica, se advierte que el de las sociedades latinoamericanas no ha sido un curso histórico que carezca de paralelo, aunque tampoco cabe afirmar que carezca de singularidad. Visto como resultado de procesos de implantación que abrieron extenso campo al mestizaje en todos los órdenes, parecía sin embargo posible establecer similitud, en algunos aspectos, con procesos más recientes que han tenido lugar en África y Oceanía.

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Nuestra Gente Hispana

ImageEl término es mayormente empleado en América para el mestizaje de las razas europea y amerindia, y que habitan a lo largo del continente americano, desde las praderas canadienses en el norte hasta la Patagonia argentina y chilena en el sur.
Amerindio es el descendiente de cualquiera de los pueblos nativos de
América (comúnmente exceptuando a los esquimales, cuyo origen étnico es distinto) para distinguirlos de los inmigrantes posteriores (europeos, africanos, etc), así como de los mestizos y criollos de todas estas etnias. Dícese también indio americano, indígena o simplemente, indio.

ImageAmérica Latina está regida por tres grandes circunstancias. En primer lugar, por la acumulación y el entramado de estadios del tiempo histórico. En segundo lugar, porque la historiocidad de la conformación de las sociedades criollas se encuentra recogida, desde sus prolegómenos, en un denso cuerpo historiográfico extraordinariamente rico y continuo. En tercer lugar, porque el trabajo sostenido y productivo de arqueólogos, antropólogos e historiadores aún no ha logrado llenar por completo las brechas históricamente generadas entre las sociedades criollas y las sociedades aborígenes más estructuradas.

ImageLa unión de las razas negras y blanca dio origen al mulato. Esclavos traidos desde África.  Antes de la colonización indígenas que fueron sometidos a tratos intensos y forzosos que, junto a las nuevas enfermedades traídas de Europa, llevaron a la extinción de su raza; los españoles, luego de este suceso, no tenían esclavos para que realizaran el trabajo y por eso importaron esclavos desde África para que se siguiera con la construcción de la ciudad. 

Americanas se singulariza, al menos en los tiempos modernos.

América Latina o Latinoamérica entidad territorial y sociocultural diferente a Hispanoamérica e Iberoamérica, constituida por el conjunto de países de América que fueron antiguas colonias de países europeos y en los que se habla español, portugués y, en mucho menor medida, francés, lenguas romances, es decir derivadas del latín. Su gentilicio es latinoamericano.

El término Latinoamérica fue apoyado por el Imperio Francés de Napoleón III, durante su Invasión francesa de México, como forma de incluir a Francia entre los países con influencia en América y para excluir a los anglosajones. El término ha ido evolucionando para comprender un concepto de características culturales, étnicas, políticas, sociales y económicas similares.

En estos países se observan muchas similitudes debido a su larga historia en común por haber sido territorios coloniales de España y Portugal y, en menor medida, de Francia. Entre ellos se observan también variaciones lingüísticas, étnicas, sociales, políticas, económicas y climáticas.

Actualmente el término Latinoamérica implica un sentido de supra nacionalidad mayor a la de los estados-nación, sobre las que se circunscribe su definición.

Dicho sentido supra nacional confluye en diferentes iniciativas comunes que tienden a la formación de organismos políticos que la articulen, como la Comunidad Sudamericana de Naciones.

Este término suele aplicarse erróneamente a países no latinos de América Central (Belice), América del Sur (como Surinam y Guyana), y el Caribe (decenas de islas de habla inglesa y holandesa) por el solo hecho que su territorio no está ubicado en América del Norte. Por esta razón las naciones del Comunidad del Caribe reclaman su propia identidad cultural y geo-política separada, y exigen que la región se denomine América Meridional y el Caribe.

Algo similar sucede con algunas ciudades estadounidenses de influencia hispana como, por ejemplo, Los Ángeles, Miami o San Diego. Sin embargo, se discute si los chicanos, hispano-hablantes que constituyen la población originaria de California, deben o no considerarse como un pueblo latinoamericano. Por otra parte, cada vez se utiliza con mayor frecuencia el término latinoamericanización de Estados Unidos, para referirse a la creciente proporción de habitantes de este origen en ese país y a la notable persistencia entre los mismos del idioma y cultura latinoamericanas, así como su evidente capacidad de penetración en la tradicional cultura anglo-estadounidense.

En contraposición, hoy las provincias de Canadá de habla francesa no se identifican mayormente con América Latina, aun cuando están incluidas en la acepción literal del término. Hay, sin embargo, algunos ciudadanos de la provincia canadiense de Quebec que sí se sienten identificados con la acepción amplia del término.

En castellano, el término americano corresponde al gentilicio referido al continente mientras que los habitantes de Estados Unidos son llamados estadounidenses, aunque a veces se utilice también para ello el término norteamericano, de forma errónea. "Las Américas", en castellano, es una expresión multifuncional que bien puede usarse para referirse a las diferentes regiones geográficas del continente americano (Sudamérica, Centroamérica, las Antillas y Norteamérica), como también a las culturales (Hispanoamérica, Iberoamérica, Latinoamérica) o a sub o macrorregiones geográfico-culturales (el Caribe, los Andes, Mesoamérica). Ejemplo de ello es la reunión de jefes de gobierno de las naciones americanas, denominada oficialmente Cumbre de las Américas.

Antes de que los europeos llegaran a América, las culturas centroamericanas lo habían denominado con el nombre Abya Yala, mientras que los aztecas lo llamaban Cem Anahuac, que en lengua nahuatl significa "tierra rodeada de las grandes aguas".[1]. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las culturas americanas (tanto las más como las menos desarrolladas) no tenían conciencia de las dimensiones del continente, por razones obvias, derivadas de las enormes distancias y de las limitaciones (y hasta la inexistencia) de los medios de transporte, aparte de ir a pie de un lugar a otro. Es por ello que, aún en el caso de ser cierta esta idea de un nombre autóctono de América, dicho nombre se referiría a una porción muy reducida de todo el continente. Y cuando apareció en los mapas el nombre de América para todo el continente anteriormente conocido como Nuevo Mundo se refería, como es lógico, a todo el continente.

Migraciones: europeas  -  siglo XIX y mediados del XX

Europeo y Angloamericano

Conflicto estructural que vive la  
conciencia criolla,
 por  el desenvolvimiento global de las  
otras sociedades

Desde el momento en que se estableció el vínculo inicial entre las comunidades autóctonas del continente y los expedicionarios procedentes de la porción mediterránea europea.  Los cambios en cuestión complican aún más el complejo tiempo histórico de realización de las sociedades implantadas latinoamericanas, vigorizando los fundamentos del conflicto estructural que vive la conciencia criolla: ésta se desenvuelve, así, en un doble plano, formado por el atavismo esencial del siglo XVI y por la actualidad del siglo XVI en ciertas áreas, simultáneamente con el lanzamiento de algunas de esas sociedades hacia el siglo XXI, en el marco de las nuevas formas mundiales de relación. Por eso, es primordial para el desenvolvimiento de las sociedades implantadas latinoamericanas superar la visión criolla de su historia desde un triple punto de vista: es vital para desobstruir el cauce al proceso que habrá de culminar con la reasunción de su curso histórico por algunas sociedades indígenas; es necesario para liberar la conciencia criolla de limitaciones estructurales, que afectan a la creatividad de su cultura, por la doble relación de

aceptación/negación en la cual se desenvuelve respecto de las sociedades indígenas y del contexto europeo y angloamericano; y es clave, por último, para la definitiva conformación del ser histórico de las sociedades afroamericanas, y asiáticas

Se ha debatido la cuestión de la originalidad americana, implícita en el concepto de Nuevo Mundo. A esos pobladores autóctonos fray Antonio Vázquez de Espinosa les atribuyó como origen el ser descendientes de la tribu perdida de Israel. Más tarde, diversos observadores, desde Galeotto Cey a comienzos del siglo XVI, consideraron a las sociedades criollas como simples remedos de las sociedades europeas, pero condicionadas por un medio geográfico que era él mismo, en muchos aspectos, valorado como degradación del europeo. 

En lo que respecta a las sociedades indígenas, ha de estudiarse la existencia de una doble relación, de condicionante y de condicionado, que representa aún hoy, en algunos casos de forma creciente, la esencia de las sociedades implantadas. Esto obliga a restablecer la identidad histórica de las sociedades indígenas, que han sido incorporadas en una suerte de escenario geohumano dispuesto para la hazaña de la conquista y la colonización; o han sido relegadas abusivamente, ya en la república, a la condición de minorías destinadas a desvanecerse.

Criollo latinoamericano.

A partir de esa supuesta comprobación, que descalificaba a las sociedades criollas latinoamericanas, sus integrantes vieron negadas tanto su creatividad como la posibilidad de que pudieran elevarse al nivel de sus antepasados europeos. Todavía a fines del siglo xix viajeros y naturalistas europeos, al estilo de Juan Bautista Diosdado Boussingault, mostraron mayor interés y simpatía por la naturaleza americana que por su población. Aún hoy, en el umbral del siglo XXI, la imagen de las sociedades americanas, tanto criollas como indígenas, que ha sido difundida por algunos escritores latinoamericanos de éxito internacional, se relaciona más con lo fantástico y hasta con lo irracional que con la racionalidad intelectual y social determinada por los criterios europeos occidentales, compartidos por el criollo latinoamericano.

Por otra parte, el europeo tiende a juzgar su historia con una selectiva racionalidad de hoy, mientras a las sociedades latinoamericanas se las enclaustra, sin posibilidad de rescatarse, en una irracionalidad esencial. Nada de nuevo hay en esto, por otra parte. También el romanticismo, que es admitido como una etapa en la sensibilidad de los europeos, es considerado poco menos que una condición insuperable en el criollo latinoamericano.

Nada en estos conceptos merece hoy una atención mayor que la prestada en las líneas precedentes. Han quedado registrados, en la evolución de las sociedades criollas latinoamericanas, como muestras de la no siempre excusable incomprensión de la realidad de su conformación histórica. Pero no es difícil advertir el importante papel que estos prejuicios han desempeñado, como fundamento de la justificación de propósitos colonialistas, antiguos y modernos, formales e informales, de los cuales es elocuente ejemplo la intervención franco-austríaca en México a mediados del siglo XIX.      

La creatividad del criollo latinoamericano,

Pero sería muy cómodo atribuir tal grado de incomprensión tan sólo al observador externo de las sociedades latinoamericanas. También el criollo ha rehuido la admisión de su realidad, sobre todo en lo que concierne a sus relaciones con las sociedades indígenas, al igual que a su tenaz actitud de subordinación imitativa respecto de sus ancestros europeos. Esto ha entrabado la creatividad del criollo latinoamericano, por obra tanto de la persistencia en su conciencia de los modos iniciales y primarios de su relación con las sociedades aborígenes como por su aspiración a identificarse con los patrones culturales europeos. He intentado sintetizar esta situación del criollo latinoamericano definiéndolo como un dominador cautivo, pues se esfuerza por diferenciarse del aborigen dominado, entregándose cada vez más a su propio cautiverio, representado por su solícita sumisión a formas culturales acatadas como paradigmas, en cuya formación ha tenido poca, si alguna, participación. 

Europa

También resultaría injusto -y sobre todo sería históricamente desacertado no reconocer que, pese a estas complejas formas de su conciencia, el criollo latinoamericano ha sido capaz de concebir, promover y realizar la más vasta y ardua empresa de ruptura del nexo colonial cumplida hasta el presente, incluida la descolonización ocurrida después de la Segunda Guerra Mundial. La formulación de la teoría de la emancipación de las colonias españolas de América y su práctica creativa, obra de muchos hombres y mujeres, hoy representados por los grandes nombres de Simón Bolívar, José de San Martín, Antonio Nariño y fray Servando Teresa de Mier, constituye un justo título de recomendación de la capacidad intelectual y el vigor de la acción social y política del criollo latinoamericano. Empeñado éste, según los observadores europeos de mediados del siglo XIX, contra toda razón aparente, en constituir nacionalidades en el marco de Estados soberanos, fue capaz de persistir en la experiencia republicana cuando Europa retornaba, visiblemente escarmentada, a la seguridad del viejo orden monárquico, en algunos casos poco menos que absolutista. La tenacidad del criollo latinoamericano en este orden fue, sin embargo, tildada de tozudez y hasta se exhibió como prueba palpable de irracionalidad. En el fondo, se le exigía al criollo latinoamericano que llegase en breve plazo a un ordenamiento social y político en cuyo logro Europa había invertido siglos. Abundaron los criollos latinoamericanos, lectores de su realidad en la ciencia europea, que pagaron tributo a esta muestra más de subordinación intelectual y llegaron a desesperarse. Pero, felizmente, no fueron pocos los claros espíritus que desafiaron la engañosa sensatez así cultivada.

La población africana trasladada a América y con las sucesivas presencias migratorias

El logro de estos objetivos exige una revisión del modo de relación de dichas sociedades con la "historia universal", con las sociedades aborígenes, con la población africana trasladada a América y con las sucesivas presencias migratorias.

Con la "historia universal" y tenida en cuenta la mediación de la historia europea occidental en la concepción de esa universalidad, debe buscarse una relación que permita valorar ajustadamente la significación de ésta, que es a la vez medio y componente. Ello obliga a valorar mejor el carácter endógeno, creciente hasta llegar a ser muy pronto predominante, del proceso de implantación de las hoy sociedades criollas latinoamericanas, así como a diferenciar entre la inicial y las sucesivas modalidades de la inserción de lo europeo en ese proceso.

Sociedades Afroamericanas

En cuanto a la población africana trasladada a América, se busca establecer una relación basada en la comprensión de que ella es, además de componente del mestizaje global, también la matriz de sociedades afroamericanas. Esto impone, igualmente, la comprensión de que está por esclarecer todo un complejo de vínculos, el cual se ve abrumado todavía por las secuelas discriminatorias, tanto sociales como culturales, de la esclavitud.

       

migraciones: chinos  y europeas

Con las sucesivas presencias migratorias, advertir una relación de estimulante proceso abierto que ha culminado, luego de la inicial presencia de indostanos y chinos, con las migraciones europeas de finales del siglo XIX y mediados del XX hacia algunas áreas de América Latina. El logro de estos objetivos supone, como se ha dicho, la superación de la visión criolla de la historia de América Latina. Se ha insistido mucho en la necesidad de superar la visión crudamente eurocéntrica, sustituyéndola por una auténticamente universal. Pero este debate tiene doble faz: una, visible, corresponde a la necesidad generalmente admitida de abandonar la visión eurocéntrica, haciéndola salir por la puerta; otra, disimulada, consiste en que al cultivar la visión criolla de la historia de América Latina se hace retornar por la ventana el punto de vista que se había hecho salir por la puerta, pues ambas visiones se identifican en sus planos fundamentales.

la visión criolla de la historia de América Latina

El intento de superar la visión criolla de la historia de América Latina exige, en primer lugar, definirla, lo que no es fácil. Quizá podría entenderse por tal la conciencia histórica, producto del proceso de implantación de una sociedad en un territorio ya ocupado por sociedades aborígenes, proceso que ha generado una relación de dominio, en la cual el dominador se ve a sí mismo como representante de la razón histórica del proceso global y el dominado es visto por el dominador, a un tiempo, como antecedente y como compañero indeseable (el problema indígena). El resultado es una concepción fatalista del proceso de relación entre sociedades, consistente en que el dominado estaría destinado a incorporarse a la sociedad criolla. Esta concepción subyace como factor legitimador de todos los procedimientos empleados a lo largo de los siglos para resolver el problema indígena.

Pero la doble relación de interacción en la cual fraguó la sociedad implantada, con las sociedades aborígenes y con el contexto colonial europeo expresado en el nexo colonial, y todo ello en el ámbito de lo nuevo americano, generó un proceso de diferenciación que constituye la criollización. Sus parámetros han sido una constante, tenaz, fundamental y procurada diferenciación respecto de las sociedades aborígenes; y una no menos constante, inevitable, creciente, pero no deseada, diferenciación respecto del contexto europeo original. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que ambos parámetros han admitido históricamente -y las admiten aún- oportunas conversiones transitorias de signo contrario. Pese a las apariencias, el fin último de dichas conversaciones es mantener el ya comentado Proceso de diferenciación. Tal como sucedió cuando, a comienzos del siglo XIX, el criollo se identificó con el indígena, en el papel de víctima de la opresión ejercida por el peninsular, para justificar la ruptura del nexo colonial. Tal como ha sucedido y sucede cuando el criollo ha pretendido identificarse y se identifica con el europeo, para respaldar su predominio étnico-social.

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